2012 (XI)

La coincidencia en el tiempo del fracaso electoral de PSOE y PASOK nos ha invitado a intuir que los socialdemócratas españoles seguirán el mismo camino que sus compañeros griegos, esto es, a verse arrinconados en su centro izquierda liberal por una fuerza de izquierdas más crítica con el poder financiero y la crisis del capitalismo: el partido Syriza en Grecia,¿Izquierda Unida en España? Los sondeos reflejan el estancamiento del PSOE, que no crece en intención de voto a pesar del hundimiento del PP, mientras que IU sigue creciendo.

Nos dejamos llevar por las supuestas diferencias de los diversos partidos (socialdemócratas, conservadores, liberales…), cuando en realidad las citas electorales europeas vienen demostrando que el castigo que realizan los votantes no es a una ideología pro-capitalista concreta (a la de izquierdas o a la de derechas), sino al partido que gobierna en el momento del cataclismo. En los países más castigados por la crisis, los principales partidos conservadores y socialdemócratas apenas se han diferenciado en sus propuestas económicas ni en la defensa al sistema actual una vez impuesto el rescate total: la llegada al poder de unos y la vuelta a la oposición de otros no se ha debido a un enfrentamiento ideológico, sino al agotamiento del contrario. Partiendo de la premisa de que PP y PSOE son en esta situación crítica parte de un mismo bloque, como en Grecia lo es el PASOK y ND, contrastemos el camino al rescate de los dos países (increíblemente similar) para desmentir las equivalencias que a priori llegamos a suponer:

a) Comienzo y desarrollo de la crisis:

Grecia: gobierna ND, y el principal partido de la oposición, el PASOK, gana las siguientes elecciones con mayoría abslouta y con más de 10 puntos de diferencia (Octubre de 2009).

España: gobierna PSOE, y el principal partido de la oposición, el PP, gana con mayoría absoluta y con más de 10 puntos de diferencia (Noviembre de 2011).

b) Nuevo gobierno

Grecia: el PASOK tiene que manejar un déficit mayor del esperado y para ello toma medidas impopulares (entre ellas, subida del IVA  al 21%) que provocan la huelga general solo cuatro meses después de la cita electoral (Febrero de 2010).

España: el PP tiene que manejar un déficit mayor del acordado y toma las medidas impopulares que todos conocemos (subida del IVA  al 21%…), tras la huelga general cuatro meses después de las elecciones (Marzo 2012).

c) El ‘primer rescate’

Grecia: siete meses después de las elecciones (Mayo 2010), el gobierno firma las condiciones del primer rescate.

España: siete meses después de las elecciones (Junio 2012), el gobierno firma las condiciones del primer rescate.

d) La prima de riesgo

Grecia: a pesar de los recortes, la prima de riesgo supera los 600 puntos, ocho meses después de las elecciones (Junio de 2010).

España: a pesar de los recortes, la prima de riesgo supera los 600 puntos, ocho meses después de las elecciones (Julio de 2012).

Hasta aquí llegamos nosotros, aunque ya sabemos a donde han llegado los griegos.

Las coincidencias superan a los partidos mayoritarios que gobiernan sea cual sea su signo político: como hemos comprobado, el PP sería el equivalente al PASOK en España, y el PSOE a ND, a tenor del papel que han tenido que desempeñar en contextos similares. Si siguiéramos el mismo camino que Grecia, el partido que gobernaba cuando estalló la crisis volvería al gobierno (ND=PSOE), no por un aumento de votos, sino por el hundimiento electoral del que ha tenido que realizar los recortes más duros como condición del rescate (PASOK=PP). Siguiendo con las equivalencias podemos aventurarnos a decir que es el PP el que más opciones tiene de un descalabro electoral de gran magnitud (al 13% llegó el PASOK en su país). Llegados hasta aquí, toca preguntarse cuál será el partido que aglutine a los votantes del PP: si los votos del gobierno del PASOK se fueron a Syriza en busca de una verdadera apuesta de izquierdas que se opusiese a los recortes,¿cuál será la apuesta de los votantes de derechas del PP aquí en España?

En Grecia el PASOK ha dejado de ser la opción mayoritaria de izquierdas y sus antiguos votantes descontentos han optado por la coalición de Alexis Tsipras. Pero es de suponer que aquí en España la mayoría de votantes que abandonarían al gobierno de Rajoy y compañía no se inclinarían por IU (que es el partido al que tendemos a comparar con Syriza) por motivos ideológicos evidentes. Deberíamos buscar entonces una Syriza derecha a la española u otra formación atractiva para los votantes del PP que no sea abiertamente izquierdista. Como a todos, la primera opción que nos viene a la mente es UPyD, que es junto a IU el grupo minoritario con más apoyo electoral y el más crítico con las decisiones de los partidos que han formado gobierno. Por el momento cuesta imaginarse a UPyD por encima del 10% en intención de voto (como sí lo está ya IU), pero también es cierto que aún no ha llegado a España el ‘rescate total’, el que nos obligaría a sufrir las brutales medidas que tienen condenada a la población griega y que hundiría al gobierno del PP, como en Grecia hundió al del PASOK.

No todos los componentes de los escenarios españoles y griegos son exactos, ni sabemos si existirá un punto de inflexión que rompa la correlación imparable entre ambos países. Está por ver si el PSOE se sigue manteniendo en el mismo resultado que cosechó en noviembre de 2011: un escenario que si bien supone un gran fracaso en un momento bipartidista, puede llegar a ser suficiente para ganar unas elecciones cuando la otra fuerza mayoritaria cae aún más rompiendo dicho marco bipartidista (ND ganó las elecciones con un 29% de los votos, que es el resultado que ahora mismo obtendría el PSOE según los sondeos). También habría que esperar que UPyD u otro partido minoritario centrista fuese capaz de captar a los votantes más fieles del PP, que en estos momentos pre-rescate total sigue estando en torno al 35% de los votos.

Esta comparativa nos sirve para no caer en el error de creer que el PSOE es el PASOK, e IU nuestra Syriza, impidiendo falsas expectativas. Por otra parte, la conclusión que podemos sacar de la experiencia griega es que la inseguridad económica se ve reflejada electoralmente en dos direcciones distintas:

1- Se desdibuja el post-materialismo que ha sustentado el bipartidismo, y parte de los ciudadanos busca opciones políticas diferenciadas del bloque pro-capitalista, al que acusa de la situación actual.

2- Otra parte de ciudadanos continúa apostando por la alternancia bipartidista, en una mezcla de partidismo y temor a un futuro peor, éste último alimentado por las amenazas de las instituciones financieras que no desean romper con el estatus de las últimas décadas.

El análisis ha sido realizado demostrando que el presente de España va unido al pasado reciente de Grecia, y que a partir de ahí podemos intuir nuestro futuro. Aunque es precisamente este conocimiento el que puede evitar que sigamos el mismo destino.

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2012 (II)

A pocos días del 38º Congreso del PSOE, los dos candidatos a liderar el partido ya nos han enseñado las propuestas generales con las que buscan el voto de los delegados.  Mientras que en las fórmulas económicas presentadas por uno y otro apenas hay disconformidad, existen otros elementos en los que han basado la competición que sí presentan proyectos distintos. Comparamos estos elementos para reconstruir los dos modelos, el de Alfredo Pérez Rubalcaba y el de Carmen Chacón.

1- Liderazgo (masculinidad-feminidad)

Los tipos de liderazgo que presentan juegan alrededor de dos conceptos: el de la seguridad  (Rubalcaba) y el del cambio (Chacón). Vamos a analizar la imagen que han querido transmitir desde sus candidaturas para buscar más dentro de estos conceptos.

Rubalcaba mantiene la confianza en la misma estrategia llevada a cabo durante la campaña electoral de las elecciones generales pasadas: protagonismo absoluto de su persona y llamada de atención a su experiencia como político. La web de la candidatura se centra en su imagen con fotografías individuales de aires corporativos,  que compagina con una llamada a la pluralidad a través de citas recurrentes al slogan de su candidatura (+Socialismo): “Necesitamos cambiar para ser más PSOE”, “En momentos difíciles se necesita más militancia, más trabajo, más compromiso y más socialismo”… Ante la baja moral de la militancia socialista, Rubalcaba insiste en que él es la mejor opción para dar confianza, debido a su experiencia en la política, a sus dotes de liderazgo, y al carisma que tanto se ha publicitado y contrapuesto a sus contrincantes (primero a Rajoy en las generales y ahora a Chacón dentro del partido).

Chacón optó por la estrategia para lanzar su candidatura: antes de darla a conocer oficialmente, se preparó un documento conjunto de militantes destacados (incluída ella) que llamaba a un debate profundo en el seno del PSOE y a un tiempo nuevo, lanzado con mucho ruido mediático a través de una web. Dicha web sigue funcionando de manera paralela a la de su candidatura oficial (Ahora Chacón) y funciona como respaldo a la idea de renovación con la que quiere enfrentarse a la idea de seguridad que presenta Rubalcaba. Las fotografías de la web de la candidatura no son tan personalistas, y en ellas podemos verla en sus últimos mítines rodeada de gente, abrazando a compañeros, y siempre sonriente. Es emocional, es positiva de cara al futuro, y no busca la representación del liderazgo fuerte personalista, sino la del liderazgo por construir compartido.

No es casual que ambos perfiles coincidan con lo masculino y lo femenino más allá del género. El género y lo que transmite también es una baza política en determinados casos, y si Chacón ha añadido su concepción de mujer como un posible punto de inflexión en la historia del PSOE, Rubalcaba ha querido anularlo haciendo un llamamiento a la necesidad de fortaleza y de ausencia de riesgo aventurero dentro del partido, en un momento de crisis profunda como la actual. También el trasfondo, la feminidad de lo femenino (la gestación de una nueva vida, lo emocional),  y la masculinidad de lo masculino (la seguridad, la protección), se disputan el liderazgo del partido.

2- Participación (lo viejo-lo nuevo)

Conscientes de la necesidad de revitalizar la democracia interna en el partido, se han puesto de acuerdo en la implantación de  primarias para elegir al candidato a la presidencia en elecciones generales. Pero en cuanto a la idea de participación encontramos diferencias en sus discursos.

Hay que ir hacia una reforma integral del partido porque es el propio concepto de la organización política tal como la hemos concebido hasta ahora lo que puede estar en cuestión. No está claro que los métodos tradicionales de movilización política y de encuadramiento puedan competir con la fuerza insuperable de las redes sociales y de la comunicación universal en tiempo real”, decía Rubalcaba en la presentación de su candidatura, en una referencia clara a la participación 2.0.

Chacón por su parte se ha centrado más en la participación física con una reactivación de los lugares comunes de la militancia: “Paseando con mi hijo por una plaza del centro de Barcelona hace unos meses me encontré un grupo de personas, la mayoría jóvenes, sentados en círculo, mientras hablaban pacíficamente de los problemas de nuestra sociedad. Yo pensé: seguro que muchos de ellos son hijos de socialistas, amigos de socialistas, vecinos y vecinas de socialistas, compañeros de socialistas, incluso algún compañero socialista. Y me pregunté ¿por qué no están en las Agrupaciones, en las Casas del Pueblo? Eso es algo que vamos a cambiar”.

Son dos aproximaciones diferentes a la  forma de organización, comunicación y toma de decisiones. Chacón es en este caso más inclusiva que Rubalcaba: prestar atención a los jóvenes que se reúnen en la calle (en una alusión al estallido asambleario desde el 15M, y siempre desde su condición de mujer, esta vez como madre) incluye haber tenido en cuenta las redes sociales como posible manera de citarse. Se da por hecho que la democracia en red que propone Rubalcaba no es incompatible con la revitalización de las Agrupaciones y Casas del Pueblo de Chacón, mientras que él sí que excluye estas sedes de su proyecto, citándolas como “métodos tradicionales de participación política” y suplantándolas por las redes sociales. Si algo ha quedado demostrado durante el 2011, es que no solo son compatibles, sino que la movilización política y “la fuerza insuperable de las redes sociales” (la comunicación) van unidas por necesidad. Así que si antes contraponíamos lo masculino a lo femenino, ahora añadimos la lucha entre lo nuevo, Chacón, y lo viejo (o lo viejo que se disfraza de nuevo), Rubalcaba. Cabe mencionar que además la candidata cuenta con la ventaja de haber tenido que renunciar a su intento de presentarse a las generales del año pasado a favor del candidato, que fue proclamado sin consultar a las bases ni por redes sociales ni por ningún otro método.

3- Autocrítica (distanciamiento-ruptura)

A lo largo de la última legislatura, los socialistas nos hemos ido dejando parte de nuestra credibilidad en el camino. Cuando tardamos en reconocer y llamar a la situación económica con el mismo nombre que la llamaban los ciudadanos, perdimos ante ellos buena parte de nuestro crédito. Cuando aplicamos, ciertamente obligados, políticas contra la crisis ajenas a nuestra orientación ideológica y a nuestros valores, perdimos otra parte de nuestro crédito. Más aún cuando no fuimos capaces de equilibrar los esfuerzos y sacrificios que dichas políticas imponían a los sectores más débiles de nuestra sociedad con la carga fiscal que debería haberse exigido a los más poderosos“.

Es un fragmento del citado documento que sirvió de lanzamiento a la candidatura de Carmen Chacón. Con un ejercicio de realismo se prepara el camino para la ruptura con el pasado, reconociendo los errores que miles de militantes ya le achacaban al partido y que confluyeron en el derrumbe electoral sin precedentes de noviembre del 2011. Rubalcaba no ha podido practicar una autocrítica tan profunda: si no lo hizo durante la campaña electoral que perdió frente a Rajoy, hacerlo ahora sería desdibujar su imagen de hombre firme e inquebrantable. En lugar del juicio a la actuación de su propio partido durante los últimos años, Rubalcaba opta por centrarse en las críticas al capitalismo, en un esfuerzo por distanciarse del contexto que vivió el gobierno de Zapatero sin tener que citarlo:

Es la crisis del capitalismo financiero, de la desregulación a ultranza, del imperio de los mercados. Pues bien, esas son las cosas que debemos cambiar. Cuidado, compañeros, no vaya a ser que pendientes de reformar lo nuestro nos olvidemos que quienes han fracasado son ellos“.

 

Como vemos, el enfrentamiento por la Secretaría General se juega en torno a estos tres puntos, como si de una partida de cartas se tratara en la que dependiendo del momento el valor de los naipes varía (según la ocasión, el elemento ruptura es más fuerte que el de masculino, en otras al revés, etc). Es un juego poco complicado, ya que al no haber teorizaciones sobre el futuro de la socialdemocracia (como sí hemos podido ver en las primarias francesas), existen bastantes elementos compartidos: no hay dudas respecto al concepto de soberanía (ambos coinciden en la necesidad de ceder soberanía a Europa), ni en la forma de tratar las crecientes críticas a las instituciones (defensa total a los partidos políticos y a la democracia representativa con reformas discretas), ni mucho menos en las medidas económicas. Es decir, se han limitado las cartas a su expresión más básica. Está por ver si la nueva Secretaría General democratiza el partido, eliminando elitismo y burocratización: porque son las bases  las únicas que pueden salvar al PSOE de una larga travesía ideológica.

2012 (I)

Con el triunfo de la globalización como forma de entender el mundo, las viejas ideologías izquierda-derecha dejaron de diferenciarse en sus políticas económicas  por una finalidad común, la de enriquecer sus respectivos estados en un juego de competición mundial cuyo desenlace ha puesto en evidencia la pérdida de valores ideológicos de una y otra: las izquierdas retrasan la edad de jubilación y legislan en general en contra de los trabajadores, las derechas por su parte suben los impuestos… Es decir, unos hacen lo que en teoría hubiesen hecho los otros y viceversa, en una espiral de desconcierto e improvisación que no existiría si la soberanía económica nacional no hubiese sido cedida a instituciones superiores en aras del enriquecimiento señalado. Así pues, las viejas izquierdas y derechas ya forman un único bloque: el de los capitalistas. En este panorama desolador, cobran protagonismo aquellos que sí mantienen la pureza de sus principios: los políticos de extrema derecha crecen en popularidad y representatividad en la mayoría de países europeos, aprovechando la crisis de identidad que sufren el resto de partidos políticos capitalistas. El País se hacía eco hace pocos días de las posibilidades de Marine Le Pen de pasar a segunda vuelta en las elecciones presidenciales francesas,  señalando los tres aspectos clave de la receta del Frente Nacional: xenofobia, proteccionismo y regreso a su antigua moneda. Y  exceptuando la xenofobia, que sí es característica inmutable de la extrema derecha, los otros dos aspectos resaltados no deberían ser de su exclusividad en el futuro más inmediato. El escenario ideológico del s.XXI aun no se ha terminado de dibujar: miembros de las antiguas izquierdas aun tienen tiempo de abandonar el grupo de los capitalistas y unirse a las nuevas izquierdas que están formándose en la calle. El proteccionismo y si no hay más remedio el regreso a la moneda nacional, pueden ser  banderas ideológicas si con ellas se hacen frente a los otros dos grandes bandos: a los capitalistas, que apuestan por un gobierno global en el que la soberanía popular y económica de una nación no existe, y a la extrema derecha, cuyas aspiraciones tienen más que ver con el nacionalismo que con la defensa contra la dictadura capitalista. Capitalismo, nueva izquierda y extrema derecha,  los tres grandes bloques que protagonizarán el punto de inflexión político de la próxima década, deberán devolvernos el enfrentamiento  ideológico natural que construye la historia, y que con tanto esfuerzo han intentado suplantar algunos con un artificio de muerte en vida que está presente en los parlamentos, en los sindicatos, en las oficinas de trabajo, en los medios de comunicación, en todas las formas de organización social: el consenso.

2011 (XIV)

El comportamiento de la mayoría de los votantes del PP es bastante predecible: no ocultan su intención de voto y acuden puntuales a cada cita electoral. Su ausencia de crítica es un regalo para los dirigentes del partido, que pueden presumir de tener un elevado índice de fidelidad de votantes. Esta fidelidad ha sido posible gracias al monopolio ideológico que los populares han ido creando desde finales de los 70. El PP no tiene competencia nacional: el PP es neoliberal, el PP es democristiano, el PP es extrema derecha. En cada uno de estos perfiles se ven reflejados ciudadanos de distintas categorías sociales  que no encuentran otra alternativa fuerte a la hora de votar a nivel nacional. Por todo esto el mayor temor de los populares ante una cita electoral es que el voto potencialmente socialista no se disperse.

El PSOE se ve obligado en cada convocatoria a luchar por agrupar a un electorado de izquierdas y centro-izquierda que disfruta de una oferta más amplia de partidos (la democracia como mercado, o partidocracia). Ante una situación complicada para el PSOE, sus votantes potenciales (no los que pueden llegar a votar al PP, esos sobran) suelen optar por IU, por la abstención, o por muchos otros partidos políticos que aparecen a nivel nacional o regional como EQUO o Compromís. La crítica por lo tanto aquí sí está presente, al contrario que en los votantes populares. Es otra injusticia de la democracia representativa: que en según qué situaciones finalmente son los ciudadanos menos críticos los que eligen al gobierno. Pero esto sucede precisamente por culpa de los partidos de izquierda: por traicionar a sus votantes, por jugar con la crítica de éstos, por menospreciar su inteligencia.

El PSOE se merece perder. Y lo merece porque solo así podrá darse cuenta de que para llegar a representar a una ciudadanía verdaderamente crítica,  deberá convertirse en un partido crítico. Crítico con un sistema económico que le ha obligado a renunciar a los pilares básicos de la socialdemocracia, con el poder de los mercados que es el poder de la derecha, con los mecanismos más sucios de la propia democracia representativa que alimentan esta partidocracia inútil. Y hacerlo con la sinceridad que solo puede demostrar la pedagogía de todo lo que se hizo mal, y de todo lo que se puede llegar a hacer bien.

2011 (XIII)

Arnaud Montebourd ha quedado tercero en la primera vuelta de las primarias socialistas francesas, por lo que no podrá enfrentarse dentro de una semana a Holland, gran favorito para darle la patada a Sarkozy (o a su sucesor). Una patada asegurada, como lo está la de Merkel, la de Berlusconi o la del PSOE español. La crisis se lleva por delante a los gobiernos occidentales que les ha tocado convivir con ella, sin importar siglas, y aúpa al principal partido de la oposición de cada país sin necesidad de programa, carisma, o cualquier otro aspecto de los que conformaban la democracia representativa.

Ya habrá tiempo de analizar este comportamiento de los votantes. Lo que me gustaría ahora es llamar la atención sobre el discurso de este candidato socialista, Montebourd, que ha tenido la valentía de señalar a los mercados y a la banca como los responsables de una crisis que encima no están pagando, poniendo sobre la mesa la realidad sobre las consecuencias de la desregularización económica.

“Todo está por construir: los servicios públicos, la democracia, la economía, la agricultura, la industria, poner coto al mundo financiero… Innumerables frentes. Va a haber que imaginar soluciones nuevas (…). Si no intervenimos ahora, vamos a dejar que los mercados sigan destruyendo nuestras vidas. Ha llegado el momento de reconstruir un Estado fuerte y respetado”, afirmó en una entrevista a Público.

En su breve libro Votez pour la dèmondialisation (votad la desglobalización), Montebourd apuesta por pensar en un “proteccionismo moderno, verde, social y solidario” que pueda enfrentarse a una globalización neoliberal que ha supuesto “un desastre para los que no tienen más recursos que su trabajo”.

Un mensaje crítico con la pérdida de soberanía popular y con la globalización económica voraz, sin profundizar demasiado en propuestas que para el resto de políticos profesionales pueden sonar grandilocuentes (eso es buena señal), pero que es una inyección de optimismo ante el panorama desolador de la socialdemocracia europea. Ojalá ante los futuros fracasos de los partidos socialdemócratas (estén donde estén, en el gobierno o en la oposición), las premisas de Montebourd traspasen fronteras y comencemos a ver algo de luz al final de un túnel que, ante todo, será largo y poco predecible. Lástima que los socialistas franceses no hayan sido más valientes a la hora de escoger a su candidato. Quizá, como he dicho, todavía hagan falta más decepciones.

2011 (XI)

Cada vez que alguno de los supuestos socialdemócratas de nuestro país abre la boca en referencia a la actual conversión de la constitución en  un tratado neoliberal, más nos damos cuenta de que esa socialdemocracia, la que en su momento permitió el semi-estado de bienestar español, ha dejado de existir. En esta ocasión Felipe González escribe en El País una serie de argumentaciones justificadoras de lo que se está cociendo a la vez que muestra su cansino e inútil  europeísmo (inútil para los demás, quiero decir: a él le viene muy bien). ¿Alternativas, propuestas, ideas? Ninguna. Vacío y más vacío. En eso está la socialdemocracia de los representantes, en un vacío ideológico e intelectual, sin enfrentarse a posturas contrarias, sin propuestas reformistas, y sin perspectivas de que éstas aparezcan. En este vacío se sustenta la ausencia de convicciones: “sabemos cómo hemos llegado aquí”, nos dicen, “pero no hay más remedio que dejarnos arrastrar hacia lo desconocido con la firme intención de llevaros por delante a vosotros, a los que no habéis provocado esta crisis. Eso sí, lo hacemos para salvaros”.

La socialdemocracia representativa necesita una reflexión profunda, dejar de asomarse al balcón y salir definitivamente a la calle. Llegar a la conclusión de que la simbiosis con el neoliberalismo solo va a servir para que éste se transforme en una tiranía aun más voraz que escudada en el monopolio de la violencia impida ser derrotada.

La reflexión debe partir de premisas en las que nos veamos reflejados y que facilite el trabajo:

-Reconocer la inviolabilidad de los papeles del ciudadano: soberano, político, receptor de servicios públicos, coproductor, cogestor y codecisor.

-Equilibrar de nuevo la economía mixta, inclinada en los últimos tiempos hacia el lado de lo privado. Esa inclinación ha impedido además adentrarse en terrenos hasta ahora poco explotados (el de la vivienda pública, por ejemplo).

-Considerar al mercado, que pretende abolir la toma de decisiones colectivas y confía en los mecanismos de autocorrección, como una institución volátil cuyo comportamiento no puede predecirse y que necesita ser estabilizado. Esa estabilidad siempre va a depender de la regulación, y la regulación es un objetivo que ha de emanar del poder político.

-La deslocalización económica no ha permitido aumentar las oportunidades de los países menos desarrollados. La globalización de las economías ha fracasado, pero sobre ella se ha levantado otro tipo de globalización más próspero: globalización de la información, de la ecología, de la cultura. Ahí hay muchas oportunidades para hacer cosas útiles.

Irán surgiendo más premisas en los próximos meses, a medida que sigan intentando que el semi-estado del bienestar sea la auténtica víctima de lo todo lo que está ocurriendo. Y será en la calle, por supuesto, en donde surjan todas ellas. Porque leerlos a ellos, verlos, escucharlos, es una pérdida de tiempo que impide dedicarse a lo más importante.