2011 (VI)

Los acontecimientos se han ido desencadenando tan rápidamente que se nos olvida (porque nos lo quieren hacer olvidar) que el origen de los disturbios de Londres está en el asesinato de un chaval a manos de la policía de Scontlard Yard. Y no solo eso, sino que se intentó justificar el crimen asegurando que el asesinado utilizó un arma, algo que se empieza a descartar oficialmente aunque sus vecinos ya lo gritaran desde el primer momento. Que las protestas, acrecentadas por los problemas sociales de Inglaterra y de todo el mundo, hayan derivado en violencia sin sentido no favorece a nadie, ni siquiera a los canallas sin mensaje (hooligans) que las hayan podido degenerar aprovechándose de la situación. Porque quemar una sucursal bancaria no es lo mismo que quemar la panadería de un vecino del barrio, ni destrozar una comisaría se parece a hacer arder la casa de una familia obrera. Por su culpa además el gobierno de su majestad ya tiene la justificación perfecta para expandir el miedo, el miedo que precede a la represión legitimada, por no hablar del vacío que ya se le hace a los orígenes de esta turbulencia. Cameron ha dicho que una parte de la sociedad está enferma, sin incluirse a él y a los de su especie. Pero lo cierto es que enfermos estamos todos. Aunque la medicina puede estar siendo investigada.

2011 (V)

La delegada de un gobierno que ganó las elecciones como socialdemócrata y que ya no representa ni a sus propios militantes, rechaza los tres recorridos propuestos para una manifestación en protesta por la visita del Papa durante esas jornadas mundiales de la juventud, que en el caso de que conociésemos vida extraterrestre, y aunque ésta fuese atea, se llamarían jornadas galácticas de la juventud. Es la misma delegada del mismo gobierno que hace solo unos días rechazaba también la circulación libre en Sol, cerrando la plaza durante 72 horas con la excusa de frenar unas acampadas que no existían desde mediados de junio, y persiguiendo además a aquellos que se atrevieron a levantar la voz ante tal exceso de autoritarismo. Esta delegada, este gobierno, proponen como recorrido alternativo el barrio de Lavapiés, barrio que ha sido constantemente centro de redadas policiales racistas durante los últimos años, denunciadas por vecinos, la ONU, Amnistía Internacional y más. Y lo hace con la certeza de que los turistas de la fé no pisarán esas calles y no se enterarán de nada (ellos ya están llamados por Dios a visitar El Corte Inglés y a los demás miembros de Apreca, sí, los que reclamaban el uso de la fuerza contra sus desiguales). Lo han leído bien: todo muy cristiano, todo muy socialdemócrata. Ni una pizca de verdad en sus calles, en las que no son de todos. Y aunque pueda parecer pesimista todo lo escrito, les aseguro que estamos justamente en lo contrario.