2012 (III)

Cualquier movimiento ciudadano que pudiese anticipar un pacto social creado de abajo a arriba, siempre será frenado por las élites; son ellas las que deciden la única legitimidad de la nación, la establecida por ellos mismos. Luego ya se encargan los selectos miembros de esa élite de inculcarnos las felicidades de su pacto y lo beneficioso que resulta que ellos decidan nuestra manera de organizarnos. Nos dirán siempre que de otra forma no hubiese salido bien. Nos intentarán convencer de que términos como soberanía popular o estado social y de derecho sólo son posibles con sus firmas. Nos atemorizarán con multitud de horrores y se esforzarán por deseducarnos para que jamás podamos ser capaces de construir por nosotros mismos una colectividad sin conflicto. Esta des-educación es una constante en la construcción forzada del estado español, junto con ese complejo de inferioridad que copia resultados de la historia de otros países saltándose los precedentes naturales. Hemos creído en la mitificación de la Constitución de 1978 pero ya sabemos que no hay por dónde cogerla. Ahora van a avasallarnos con la de 1812 aprovechando su bicentenario. Recordemos algunos de sus artículos para tener claro que se trató de una constitución absolutista y no liberal, por mucho que intentasen plagiar la tan manida división de poderes y demás componentes liberales, y para que cuando nos digan sin más que con ella nació la nación española, nos demos cuenta de que en realidad lo que se buscaba era la imposición de este nacionalismo represivo que ha triunfado desde entonces.

Preámbulo  

“En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo autor y supremo legislador de la sociedad.”

Título I

 Capítulo II. De los españoles

“Art. 6. El amor de la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y, asimismo, el ser justos y benéficos.”

“Art. 9. Está asimismo obligado todo español a defender la Patria con las armas, cuando sea llamado por la ley.”

Título II

 Capítulo II. De la religión

“Art. 12. La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra.”

Capítulo III. Del Gobierno

“Art. 14. El Gobierno de la Nación española es una Monarquía moderada hereditaria. “

“Art. 15. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.”

Capítulo IV. De los ciudadanos españoles

“Art. 25. El ejercicio de los derechos de ciudadano español se suspende:

Primero. En virtud de interdicción judicial por incapacidad física o moral.

Segundo. Por el estado de deudor quebrado, o de deudor a los caudales públicos.

Tercero. Por el estado de sirviente doméstico.

Cuarto. Por no tener empleo, oficio o modo de vivir conocido.

Quinto. Por hallarse procesado criminalmente. “

Título IV. Del Rey

Capítulo I. De la inviolabilidad del Rey y su autoridad

“Art. 168. La persona del Rey es sagrada e inviolable, y no está sujeta a responsabilidad. “

“Art. 169. El Rey tendrá el tratamiento de Majestad Católica. “

Capítulo V. De la dotación de la Familia Real

“Art. 213. Las Cortes señalarán al Rey la dotación anual de su casa, que sea correspondiente a la alta dignidad de su persona. “

“Art. 214. Pertenecen al Rey todos los palacios reales que han disfrutado sus predecesores, y las Cortes señalarán los terrenos que tengan por conveniente reservar para el recreo de su persona. “

“Art. 215. Al Príncipe de Asturias desde el día de su nacimiento, y a los Infantes e Infantas desde que cumplan siete años de edad, se asignará por las Cortes para su alimento la cantidad anual correspondiente a su respectiva dignidad. “

(Los integrantes de las Cortes que promulgaron esta Constitución fueron 90 eclesiásticos, 56 juristas, 30 militares, 14 nobles, 15 catedráticos, 49 altos funcionarios, 8 comerciantes, 20 sin profesión definida)

2012 (II)

A pocos días del 38º Congreso del PSOE, los dos candidatos a liderar el partido ya nos han enseñado las propuestas generales con las que buscan el voto de los delegados.  Mientras que en las fórmulas económicas presentadas por uno y otro apenas hay disconformidad, existen otros elementos en los que han basado la competición que sí presentan proyectos distintos. Comparamos estos elementos para reconstruir los dos modelos, el de Alfredo Pérez Rubalcaba y el de Carmen Chacón.

1- Liderazgo (masculinidad-feminidad)

Los tipos de liderazgo que presentan juegan alrededor de dos conceptos: el de la seguridad  (Rubalcaba) y el del cambio (Chacón). Vamos a analizar la imagen que han querido transmitir desde sus candidaturas para buscar más dentro de estos conceptos.

Rubalcaba mantiene la confianza en la misma estrategia llevada a cabo durante la campaña electoral de las elecciones generales pasadas: protagonismo absoluto de su persona y llamada de atención a su experiencia como político. La web de la candidatura se centra en su imagen con fotografías individuales de aires corporativos,  que compagina con una llamada a la pluralidad a través de citas recurrentes al slogan de su candidatura (+Socialismo): “Necesitamos cambiar para ser más PSOE”, “En momentos difíciles se necesita más militancia, más trabajo, más compromiso y más socialismo”… Ante la baja moral de la militancia socialista, Rubalcaba insiste en que él es la mejor opción para dar confianza, debido a su experiencia en la política, a sus dotes de liderazgo, y al carisma que tanto se ha publicitado y contrapuesto a sus contrincantes (primero a Rajoy en las generales y ahora a Chacón dentro del partido).

Chacón optó por la estrategia para lanzar su candidatura: antes de darla a conocer oficialmente, se preparó un documento conjunto de militantes destacados (incluída ella) que llamaba a un debate profundo en el seno del PSOE y a un tiempo nuevo, lanzado con mucho ruido mediático a través de una web. Dicha web sigue funcionando de manera paralela a la de su candidatura oficial (Ahora Chacón) y funciona como respaldo a la idea de renovación con la que quiere enfrentarse a la idea de seguridad que presenta Rubalcaba. Las fotografías de la web de la candidatura no son tan personalistas, y en ellas podemos verla en sus últimos mítines rodeada de gente, abrazando a compañeros, y siempre sonriente. Es emocional, es positiva de cara al futuro, y no busca la representación del liderazgo fuerte personalista, sino la del liderazgo por construir compartido.

No es casual que ambos perfiles coincidan con lo masculino y lo femenino más allá del género. El género y lo que transmite también es una baza política en determinados casos, y si Chacón ha añadido su concepción de mujer como un posible punto de inflexión en la historia del PSOE, Rubalcaba ha querido anularlo haciendo un llamamiento a la necesidad de fortaleza y de ausencia de riesgo aventurero dentro del partido, en un momento de crisis profunda como la actual. También el trasfondo, la feminidad de lo femenino (la gestación de una nueva vida, lo emocional),  y la masculinidad de lo masculino (la seguridad, la protección), se disputan el liderazgo del partido.

2- Participación (lo viejo-lo nuevo)

Conscientes de la necesidad de revitalizar la democracia interna en el partido, se han puesto de acuerdo en la implantación de  primarias para elegir al candidato a la presidencia en elecciones generales. Pero en cuanto a la idea de participación encontramos diferencias en sus discursos.

Hay que ir hacia una reforma integral del partido porque es el propio concepto de la organización política tal como la hemos concebido hasta ahora lo que puede estar en cuestión. No está claro que los métodos tradicionales de movilización política y de encuadramiento puedan competir con la fuerza insuperable de las redes sociales y de la comunicación universal en tiempo real”, decía Rubalcaba en la presentación de su candidatura, en una referencia clara a la participación 2.0.

Chacón por su parte se ha centrado más en la participación física con una reactivación de los lugares comunes de la militancia: “Paseando con mi hijo por una plaza del centro de Barcelona hace unos meses me encontré un grupo de personas, la mayoría jóvenes, sentados en círculo, mientras hablaban pacíficamente de los problemas de nuestra sociedad. Yo pensé: seguro que muchos de ellos son hijos de socialistas, amigos de socialistas, vecinos y vecinas de socialistas, compañeros de socialistas, incluso algún compañero socialista. Y me pregunté ¿por qué no están en las Agrupaciones, en las Casas del Pueblo? Eso es algo que vamos a cambiar”.

Son dos aproximaciones diferentes a la  forma de organización, comunicación y toma de decisiones. Chacón es en este caso más inclusiva que Rubalcaba: prestar atención a los jóvenes que se reúnen en la calle (en una alusión al estallido asambleario desde el 15M, y siempre desde su condición de mujer, esta vez como madre) incluye haber tenido en cuenta las redes sociales como posible manera de citarse. Se da por hecho que la democracia en red que propone Rubalcaba no es incompatible con la revitalización de las Agrupaciones y Casas del Pueblo de Chacón, mientras que él sí que excluye estas sedes de su proyecto, citándolas como “métodos tradicionales de participación política” y suplantándolas por las redes sociales. Si algo ha quedado demostrado durante el 2011, es que no solo son compatibles, sino que la movilización política y “la fuerza insuperable de las redes sociales” (la comunicación) van unidas por necesidad. Así que si antes contraponíamos lo masculino a lo femenino, ahora añadimos la lucha entre lo nuevo, Chacón, y lo viejo (o lo viejo que se disfraza de nuevo), Rubalcaba. Cabe mencionar que además la candidata cuenta con la ventaja de haber tenido que renunciar a su intento de presentarse a las generales del año pasado a favor del candidato, que fue proclamado sin consultar a las bases ni por redes sociales ni por ningún otro método.

3- Autocrítica (distanciamiento-ruptura)

A lo largo de la última legislatura, los socialistas nos hemos ido dejando parte de nuestra credibilidad en el camino. Cuando tardamos en reconocer y llamar a la situación económica con el mismo nombre que la llamaban los ciudadanos, perdimos ante ellos buena parte de nuestro crédito. Cuando aplicamos, ciertamente obligados, políticas contra la crisis ajenas a nuestra orientación ideológica y a nuestros valores, perdimos otra parte de nuestro crédito. Más aún cuando no fuimos capaces de equilibrar los esfuerzos y sacrificios que dichas políticas imponían a los sectores más débiles de nuestra sociedad con la carga fiscal que debería haberse exigido a los más poderosos“.

Es un fragmento del citado documento que sirvió de lanzamiento a la candidatura de Carmen Chacón. Con un ejercicio de realismo se prepara el camino para la ruptura con el pasado, reconociendo los errores que miles de militantes ya le achacaban al partido y que confluyeron en el derrumbe electoral sin precedentes de noviembre del 2011. Rubalcaba no ha podido practicar una autocrítica tan profunda: si no lo hizo durante la campaña electoral que perdió frente a Rajoy, hacerlo ahora sería desdibujar su imagen de hombre firme e inquebrantable. En lugar del juicio a la actuación de su propio partido durante los últimos años, Rubalcaba opta por centrarse en las críticas al capitalismo, en un esfuerzo por distanciarse del contexto que vivió el gobierno de Zapatero sin tener que citarlo:

Es la crisis del capitalismo financiero, de la desregulación a ultranza, del imperio de los mercados. Pues bien, esas son las cosas que debemos cambiar. Cuidado, compañeros, no vaya a ser que pendientes de reformar lo nuestro nos olvidemos que quienes han fracasado son ellos“.

 

Como vemos, el enfrentamiento por la Secretaría General se juega en torno a estos tres puntos, como si de una partida de cartas se tratara en la que dependiendo del momento el valor de los naipes varía (según la ocasión, el elemento ruptura es más fuerte que el de masculino, en otras al revés, etc). Es un juego poco complicado, ya que al no haber teorizaciones sobre el futuro de la socialdemocracia (como sí hemos podido ver en las primarias francesas), existen bastantes elementos compartidos: no hay dudas respecto al concepto de soberanía (ambos coinciden en la necesidad de ceder soberanía a Europa), ni en la forma de tratar las crecientes críticas a las instituciones (defensa total a los partidos políticos y a la democracia representativa con reformas discretas), ni mucho menos en las medidas económicas. Es decir, se han limitado las cartas a su expresión más básica. Está por ver si la nueva Secretaría General democratiza el partido, eliminando elitismo y burocratización: porque son las bases  las únicas que pueden salvar al PSOE de una larga travesía ideológica.

2012 (I)

Con el triunfo de la globalización como forma de entender el mundo, las viejas ideologías izquierda-derecha dejaron de diferenciarse en sus políticas económicas  por una finalidad común, la de enriquecer sus respectivos estados en un juego de competición mundial cuyo desenlace ha puesto en evidencia la pérdida de valores ideológicos de una y otra: las izquierdas retrasan la edad de jubilación y legislan en general en contra de los trabajadores, las derechas por su parte suben los impuestos… Es decir, unos hacen lo que en teoría hubiesen hecho los otros y viceversa, en una espiral de desconcierto e improvisación que no existiría si la soberanía económica nacional no hubiese sido cedida a instituciones superiores en aras del enriquecimiento señalado. Así pues, las viejas izquierdas y derechas ya forman un único bloque: el de los capitalistas. En este panorama desolador, cobran protagonismo aquellos que sí mantienen la pureza de sus principios: los políticos de extrema derecha crecen en popularidad y representatividad en la mayoría de países europeos, aprovechando la crisis de identidad que sufren el resto de partidos políticos capitalistas. El País se hacía eco hace pocos días de las posibilidades de Marine Le Pen de pasar a segunda vuelta en las elecciones presidenciales francesas,  señalando los tres aspectos clave de la receta del Frente Nacional: xenofobia, proteccionismo y regreso a su antigua moneda. Y  exceptuando la xenofobia, que sí es característica inmutable de la extrema derecha, los otros dos aspectos resaltados no deberían ser de su exclusividad en el futuro más inmediato. El escenario ideológico del s.XXI aun no se ha terminado de dibujar: miembros de las antiguas izquierdas aun tienen tiempo de abandonar el grupo de los capitalistas y unirse a las nuevas izquierdas que están formándose en la calle. El proteccionismo y si no hay más remedio el regreso a la moneda nacional, pueden ser  banderas ideológicas si con ellas se hacen frente a los otros dos grandes bandos: a los capitalistas, que apuestan por un gobierno global en el que la soberanía popular y económica de una nación no existe, y a la extrema derecha, cuyas aspiraciones tienen más que ver con el nacionalismo que con la defensa contra la dictadura capitalista. Capitalismo, nueva izquierda y extrema derecha,  los tres grandes bloques que protagonizarán el punto de inflexión político de la próxima década, deberán devolvernos el enfrentamiento  ideológico natural que construye la historia, y que con tanto esfuerzo han intentado suplantar algunos con un artificio de muerte en vida que está presente en los parlamentos, en los sindicatos, en las oficinas de trabajo, en los medios de comunicación, en todas las formas de organización social: el consenso.

2011 (XVI)

Los medios de comunicación neoliberales intentan animar a los mercados adorando el nuevo tratado europeo, el último gran fraude de la Unión. “La Europa del euro da un salto adelante sin el Reino Unido”, titula El País, que incluye varios análisis y entrevistas de expertos sobre este pacto de anulación a la soberanía popular y a las políticas de izquierdas: “Para avanzar hay que ceder más soberanía a Bruselas”, “Se acabó el chantaje, se acabó la parálisis”…es decir, toda una serie de instrumentos de manipulación para que las conciencias de los súbditos legitimen lo que en un principio no está legitimado democráticamente. “Reino Unido, aislado en la UE”, escribe El Mundo, también al lado de los que celebran el secuestro de la poca democracia que nos quedaba y de los que consideran que los ingleses han salido perdiendo.

No hay nada que celebrar, hace tiempo que no celebramos nada. El nuevo pacto nos retrotrae definitivamente a la época anterior al Tratado de Westfalia (1648), acontecimiento a través del cual los estados se desvinculaban cada uno a su manera del Sacro Imperio Germánico y se hacían con decisiones autónomas: reclutamiento de ejércitos propios, libertad impositiva… Si aquello fue el nacimiento del estado soberano, lo de hoy es la muerte de tal concepto. Es el regreso al feudalismo, con Alemania de nuevo como centro de poder.

La soberanía económica ya se desdibujaba cuando se apostó por la moneda única a finales del s. XX: era el Banco Central Europeo el que asumía las decisiones de los respectivos bancos nacionales, instituciones que se convertían a partir de entonces en ridículas e inútiles representaciones nacionalistas. Pero los ciudadanos, los europeos, aun teníamos la sensación de que nuestro voto repercutía en el desarrollo de los presupuestos de nuestro estado. Todo eso se ha acabado. Los gobiernos están al servicio de Alemania: el nuevo Imperio, que también posee el control del BCE, pone y quita gobiernos, envía órdenes para reformar constituciones que se daban aires de pactos sociales, y ahora decidirá legalmente los detalles del presupuesto de cada país. Una Unión Europea que nos dijo que era el himno de la alegría  es en realidad un monstruo dictatorial capitalista, que despoja de derechos a muchos para dárselos a unos pocos.

A los que están seguros de que este nuevo orden de control acabará beneficiándonos, que echen un vistazo a Portugal o Grecia (y que estén pendientes de otros países, incluyendo el nuestro): los sacrificios, los secuestros, la violencia, solo han servido para hundir más a unos ciudadanos que no son los auténticos responsables de la situación actual. Los mercados siguen ganando dinero sobre ruinas y la banca privada es financiada con nuestros impuestos y nuestra pérdida de derechos. ¿Beneficio para quién? Si vamos a sufrir en el futuro inmediato sí o sí, ¿acaso no deberíamos decidir qué camino escoger para ello? Porque hay otro camino, más justo, en el que podríamos castigar a los que nos han llevado a esto y reconstruir la plaza nosotros mismos: Islandia empezó a hacerlo.

“Feliz de no estar en el euro”, ha dicho el primer ministro británico. Yo también lo estaría.

2011 (XV)

El espectáculo de la democracia representativa vive su gran festival en tiempos de campaña electoral. Los elementos que sustentan este sistema de sumisión fuerzan sus máquinas para enviar a los ciudadanos pasivos una variada oferta de percepciones prefabricadas; cada periódico digital o escrito, cada emisora de radio, cada canal de televisión, cuentan con profesionales que trabajan para ello en cuerpo y alma, protegidos por ese carácter de autoridad que la libertad otorgó a las empresas que les pagan.

El ciudadano duda cuando lee un editorial que contradice sus primeras impresiones sobre quién ganó el debate, sobre todo si el editorial pertenece a ese periódico que lanza mensajes más a su gusto. Y se enfurece cuando lo cuenta otro medio cuya línea ideológica detesta, aunque ya lo esperase. Otro no soporta a ese miembro destacado del partido que quiere votar, pues es evidente su incompetencia, pero está aterrado y ese partido le ha hecho creer que solo él le quitará el miedo. Incluso existe aquél que aun sabiendo que esto es una mentira costosa y un cúmulo de detalles estúpidos, sigue con atención la campaña electoral y opina sobre ella porque le cansa imaginarse trabajando en la construcción de otro tipo de sistema.

El seguimiento constante, el marketing, el bombardeo analítico y estadístico, son armas poderosas que los medios le ofrecen a la política-espectáculo para que ésta potencie su labor en campaña electoral: hacer creer que cuestionar la democracia representativa es atacar la democracia,  fingir que las empresas-partidos políticos son organismos abiertos a la ciudadanía tal y como están formulados, llamar reformas a simples ideas estratégicas de poco calado, e intentar convencernos de que, después de todo lo que está ocurriendo, la soberanía popular existe en realidad.


2011 (XIV)

El comportamiento de la mayoría de los votantes del PP es bastante predecible: no ocultan su intención de voto y acuden puntuales a cada cita electoral. Su ausencia de crítica es un regalo para los dirigentes del partido, que pueden presumir de tener un elevado índice de fidelidad de votantes. Esta fidelidad ha sido posible gracias al monopolio ideológico que los populares han ido creando desde finales de los 70. El PP no tiene competencia nacional: el PP es neoliberal, el PP es democristiano, el PP es extrema derecha. En cada uno de estos perfiles se ven reflejados ciudadanos de distintas categorías sociales  que no encuentran otra alternativa fuerte a la hora de votar a nivel nacional. Por todo esto el mayor temor de los populares ante una cita electoral es que el voto potencialmente socialista no se disperse.

El PSOE se ve obligado en cada convocatoria a luchar por agrupar a un electorado de izquierdas y centro-izquierda que disfruta de una oferta más amplia de partidos (la democracia como mercado, o partidocracia). Ante una situación complicada para el PSOE, sus votantes potenciales (no los que pueden llegar a votar al PP, esos sobran) suelen optar por IU, por la abstención, o por muchos otros partidos políticos que aparecen a nivel nacional o regional como EQUO o Compromís. La crítica por lo tanto aquí sí está presente, al contrario que en los votantes populares. Es otra injusticia de la democracia representativa: que en según qué situaciones finalmente son los ciudadanos menos críticos los que eligen al gobierno. Pero esto sucede precisamente por culpa de los partidos de izquierda: por traicionar a sus votantes, por jugar con la crítica de éstos, por menospreciar su inteligencia.

El PSOE se merece perder. Y lo merece porque solo así podrá darse cuenta de que para llegar a representar a una ciudadanía verdaderamente crítica,  deberá convertirse en un partido crítico. Crítico con un sistema económico que le ha obligado a renunciar a los pilares básicos de la socialdemocracia, con el poder de los mercados que es el poder de la derecha, con los mecanismos más sucios de la propia democracia representativa que alimentan esta partidocracia inútil. Y hacerlo con la sinceridad que solo puede demostrar la pedagogía de todo lo que se hizo mal, y de todo lo que se puede llegar a hacer bien.