2012 (VIII)

El Congreso, representante de la soberanía nacional del pueblo español, aprueba con los votos de la mayoría absoluta del partido en el gobierno un duro plan de ajuste para salvarnos de la quiebra.

¿…representante de la soberanía del pueblo?

¿Plan de ajuste para salvarnos de la quiebra?

He aquí la soberanía y el “plan de ajuste”:

2012 (VII)

Votar cada x tiempo basándose en programas electorales que son papel mojado, que se sustentan en constituciones revisables por unas instituciones superiores sobre las que no tenemos ni el más mínimo control… ¿Qué sentido tiene seguir manteniendo con nuestros impuestos esta vieja democracia representativa que ya no significa nada? Los gobiernos son simples funcionarios cuyo trabajo es informar a los verdaderos dirigentes (el FMI, el BCE…) de las gestiones encomendadas, y en caso de desviaciones, obedecer escrupulosamente las correcciones que se dictan. La soberanía ya no reside en el pueblo, sino en los mercados, y por lo tanto los protegidos son ellos, los únicos que tienen derechos intocables. Hacerse cargo de la realidad y rescatar el lenguaje es un ejercicio responsable: los que dictan (gobiernan) sin pasar por las urnas son dictadores, y los estados (sistemas burocráticos legitimados por una u otra constitución) que se dejan dictar son entes sin derechos. Vivimos, por lo tanto, en una dictadura: hoy la llaman democracia representativa, en el franquismo tenían la democracia orgánica, en China la democracia popular…

En esta superestructura nos han dejado relegados, a nosotros los ciudadanos, a simples números sacrificables. Nuestra presencia o no presencia en los medios de comunicación es unas veces partidista, otras veces obligada por el espectáculo, pero nunca determinante. Las protestas son tierra de sociólogos nada más, y los dramas humanos son eso, dramas numéricos simplemente. Cuando mencionan a España, a Grecia, o a Europa, los manipuladores se están refiriendo a los sistemas burocráticos, pero no a los ciudadanos: “Rescate a España” (El País), “Europa financia a la banca de España” (ABC), “España despeja el rescate” (La Razón), “Europa rescata a España” “El Correo)… Y así día tras día. Incluso cuando citan a los ciudadanos se les que cataloga, se les encuentra unas siglas: el 15M, los indignados… (con las intenciones partidistas y espectaculares antes señaladas, nunca con la misma legitimidad que a los estados o a las instituciones).

Mientras describo nuevamente este sistema que no nos representa, que no es democrático, que es corrupto, que nos utiliza para que los nuevos soberanos (los mercados) no se revolucionen, me llegan a través de la ventana los gritos de euforia producidos por el primer partido del equipo español en la Eurocopa. “¡Vamos, España!”, “¡Viva España!”. Pero España no sois vosotros, conciudadanos. Desgraciadamente, hace tiempo que dejasteis de serlo.

2012 (VI)

Algunas notas de prensa de estos momentos (12.30h.), para seguir comprendiendo el mundo:

“La Bolsa de Atenas ha abierto con una subida del 3,16% respecto al cierre del viernes, en reacción a los nuevos sondeos sobre la intención del voto en los comicios que revelan un retroceso de la izquierda radical y un avance de los conservadores de Nueva Democracia, informa Efe.”

O lo que es lo mismo: o gobiernan los partidos que  nos interesan, u os hundimos todavía más.

 

“El Gobierno defiende el lado ‘profesional’ del proyecto Eurovegas. Ha respaldado hoy el proyecto de macrocomplejo, en Madrid o Barcelona, ya que situará a España como uno de los centros mundiales para la celebración de congresos y ferias de profesionales.”

Congresos y ferias de profesionales????

 

“Las dudas sobre el plan de saneamiento Bankia, cifrado en 19.000 millones de euros, empujan a la prima de riesgo por encima de 513 puntos, máximo histórico.”

Plan de saneamiento…en fin. Por lo demás, los mercados lanzan el mensaje de que el déficit que va a generar ese dinero público  inyectado al banco tiene que ser cubierto… con más recortes sociales, claro. Rajoy ha anunciado una rueda de prensa a las 13.00 (la primera desde que es presidente), y nos explicará esto a su manera.

 

Actualización a las 13:49

Lo que ha dicho Rajoy, y en cursiva lo que en realidad ha querido decir:

“España tiene que seguir avanzando por la senda de la reducción del déficit” – España tiene que seguir avanzando por la senda de la reducción del déficit con la misma fórmula; la de los recortes y ataque al estado del bienestar sin exigir ingresos a los que más puedan aportar.

“También son necesarias reformas estructurales en Europa (…) Más integración fiscal, monetaria y política” – Vamos a seguir sacrificando la idea de democracia porque el verdadero gobierno lo sustentan los mercados (…) Más cesión de soberanía fiscal, económica y política.

“No es la primera vez que se mete dinero público en una entidad financiera” – Es la primera vez que el dinero público que se mete en una entidad financiera es el dinero público que le hemos quitado a la educación y la sanidad pública.

“El Gobierno está haciendo lo que tenemos que hacer y es muy importante garantizar la sostenibilidad de la deuda pública” – El Gobierno está haciendo lo que ideológicamente tenemos que hacer y es muy importante engañar con que el problema es la deuda pública y no la privada.

2012 (IV)

Los profesionales de la información se refirieron a aquello de “la reforma laboral me va a costar una huelga general” como una charla informal entre Rajoy y otro primer ministro cualquiera. Pero se trataba de todo lo contrario. El jefe del ejecutivo español hacía muy bien su trabajo en la Unión Europea: publicitar las medidas aprobadas y por aprobar contra los ciudadanos más débiles para, como ellos dicen, “recuperar la confianza en España”.  Anticiparse a que otros les pregunten es indispensable para aparentar eso que llaman seriedad. Lo volvimos a ver cuando el ministro de Guindos fue a susurrarle  al vicepresidente de la Comisión Europea que esa reforma que estaban a punto de presentar sería “extremadamente agresiva”. Y es que cuanto mejor se publiciten las leyes aprobadas contra los indefensos de un país, más confianza tendrán los mercados protegidos por la Unión Europea en invertir ahí. En eso consiste el trabajo que nuestros representantes, patéticos subordinados, realizan en Bruselas.

Lo peor de todo es que la maquinaria institucional está logrando instaurar el mensaje de que esta es la única solución. La expansión del miedo generalizado y paralizante no sólo es el fruto de la situación dramática de millones de ciudadanos: es un instrumento más del trabajo de las élites. Y la situación se vuelve más triste cuando nos percatamos de que aquellos que podrían luchar contra esta delincuencia legalizada  (sindicatos mayoritarios, izquierda representativa) forman parte también de la misma élite, interpretando un papel distinto pero en la misma obra. La huelga general es sólo un acto más de este teatrillo. Nadie la teme. Rajoy la utiliza para añadir más gravedad al anuncio de su reforma laboral, sin miedo porque no supone ningún peligro desestabilizador. Además, ¿qué trabajador está dispuesto a poner en riesgo su empleo o a dejar de cobrar el salario de ese día en una situación como la actual? Todo forma parte de ese miedo bien instaurado. Y mientras, a los que están fuera de las élites manteniendo con sinceridad el ánimo de lucha, se les mezcla con los violentos y son perseguidos y golpeados. Porque ellos no son actores, forman parte de ese público con pocas oportunidades. Su obligación es quedarse sentados mientras continúa la obra, observando a los actores interpretar su papel. Cada butaca tiene un precio. Si quieren llegar a ser intérpretes válidos deberán recorrer un camino especificado que les lleve a ello y ajustarse a las normas. Y si una vez ahí intentan cambiar la obra o improvisar (estúpidos ellos, con lo bien que se está ahí arriba en el escenario), serán despedidos del elenco.

La crisis capitalista ha puesto de manifiesto un patetismo indignante en los símbolos democráticos. El triste espectáculo de gobierno, parlamentos, partidos políticos, prensa, sindicatos y demás instituciones, es una obra insoportable con malos actores, esperanzados con que la situación les permita repartir bocadillos otra vez para que el público guarde silencio y disfrute del espectáculo. El ruido de esa parte del público menospreciada es más necesario que nunca, puede obligar a los de arriba a cambiar la función. La huelga general del día 29 de marzo, que merece hacerse notar pues jamás se ha legislado de una manera tan violenta y subordinada contra los ciudadanos, debería ser nuestra huelga, la del público, y no la de las élites. Aprovechemos la capacidad de movilización de los sindicatos (y démosles una oportunidad para que recuperen su dignidad), pero que no sea un acto más del espectáculo sino parte de la realidad. En muchos de nosotros se mantiene la pureza de esos símbolos que ellos han corrompido. Somos los únicos capaces de conmover a aquellos que tienen miedo,  despojarles de ese sentimiento prefabricado. El público de atrás, el pueblo, somos mayoría: tan solo debemos aprender a romper juntos esa cuarta pared. Hacerla pedazos.

2011 (XVI)

Los medios de comunicación neoliberales intentan animar a los mercados adorando el nuevo tratado europeo, el último gran fraude de la Unión. “La Europa del euro da un salto adelante sin el Reino Unido”, titula El País, que incluye varios análisis y entrevistas de expertos sobre este pacto de anulación a la soberanía popular y a las políticas de izquierdas: “Para avanzar hay que ceder más soberanía a Bruselas”, “Se acabó el chantaje, se acabó la parálisis”…es decir, toda una serie de instrumentos de manipulación para que las conciencias de los súbditos legitimen lo que en un principio no está legitimado democráticamente. “Reino Unido, aislado en la UE”, escribe El Mundo, también al lado de los que celebran el secuestro de la poca democracia que nos quedaba y de los que consideran que los ingleses han salido perdiendo.

No hay nada que celebrar, hace tiempo que no celebramos nada. El nuevo pacto nos retrotrae definitivamente a la época anterior al Tratado de Westfalia (1648), acontecimiento a través del cual los estados se desvinculaban cada uno a su manera del Sacro Imperio Germánico y se hacían con decisiones autónomas: reclutamiento de ejércitos propios, libertad impositiva… Si aquello fue el nacimiento del estado soberano, lo de hoy es la muerte de tal concepto. Es el regreso al feudalismo, con Alemania de nuevo como centro de poder.

La soberanía económica ya se desdibujaba cuando se apostó por la moneda única a finales del s. XX: era el Banco Central Europeo el que asumía las decisiones de los respectivos bancos nacionales, instituciones que se convertían a partir de entonces en ridículas e inútiles representaciones nacionalistas. Pero los ciudadanos, los europeos, aun teníamos la sensación de que nuestro voto repercutía en el desarrollo de los presupuestos de nuestro estado. Todo eso se ha acabado. Los gobiernos están al servicio de Alemania: el nuevo Imperio, que también posee el control del BCE, pone y quita gobiernos, envía órdenes para reformar constituciones que se daban aires de pactos sociales, y ahora decidirá legalmente los detalles del presupuesto de cada país. Una Unión Europea que nos dijo que era el himno de la alegría  es en realidad un monstruo dictatorial capitalista, que despoja de derechos a muchos para dárselos a unos pocos.

A los que están seguros de que este nuevo orden de control acabará beneficiándonos, que echen un vistazo a Portugal o Grecia (y que estén pendientes de otros países, incluyendo el nuestro): los sacrificios, los secuestros, la violencia, solo han servido para hundir más a unos ciudadanos que no son los auténticos responsables de la situación actual. Los mercados siguen ganando dinero sobre ruinas y la banca privada es financiada con nuestros impuestos y nuestra pérdida de derechos. ¿Beneficio para quién? Si vamos a sufrir en el futuro inmediato sí o sí, ¿acaso no deberíamos decidir qué camino escoger para ello? Porque hay otro camino, más justo, en el que podríamos castigar a los que nos han llevado a esto y reconstruir la plaza nosotros mismos: Islandia empezó a hacerlo.

“Feliz de no estar en el euro”, ha dicho el primer ministro británico. Yo también lo estaría.

2011 (XV)

El espectáculo de la democracia representativa vive su gran festival en tiempos de campaña electoral. Los elementos que sustentan este sistema de sumisión fuerzan sus máquinas para enviar a los ciudadanos pasivos una variada oferta de percepciones prefabricadas; cada periódico digital o escrito, cada emisora de radio, cada canal de televisión, cuentan con profesionales que trabajan para ello en cuerpo y alma, protegidos por ese carácter de autoridad que la libertad otorgó a las empresas que les pagan.

El ciudadano duda cuando lee un editorial que contradice sus primeras impresiones sobre quién ganó el debate, sobre todo si el editorial pertenece a ese periódico que lanza mensajes más a su gusto. Y se enfurece cuando lo cuenta otro medio cuya línea ideológica detesta, aunque ya lo esperase. Otro no soporta a ese miembro destacado del partido que quiere votar, pues es evidente su incompetencia, pero está aterrado y ese partido le ha hecho creer que solo él le quitará el miedo. Incluso existe aquél que aun sabiendo que esto es una mentira costosa y un cúmulo de detalles estúpidos, sigue con atención la campaña electoral y opina sobre ella porque le cansa imaginarse trabajando en la construcción de otro tipo de sistema.

El seguimiento constante, el marketing, el bombardeo analítico y estadístico, son armas poderosas que los medios le ofrecen a la política-espectáculo para que ésta potencie su labor en campaña electoral: hacer creer que cuestionar la democracia representativa es atacar la democracia,  fingir que las empresas-partidos políticos son organismos abiertos a la ciudadanía tal y como están formulados, llamar reformas a simples ideas estratégicas de poco calado, e intentar convencernos de que, después de todo lo que está ocurriendo, la soberanía popular existe en realidad.