2012 (II)

A pocos días del 38º Congreso del PSOE, los dos candidatos a liderar el partido ya nos han enseñado las propuestas generales con las que buscan el voto de los delegados.  Mientras que en las fórmulas económicas presentadas por uno y otro apenas hay disconformidad, existen otros elementos en los que han basado la competición que sí presentan proyectos distintos. Comparamos estos elementos para reconstruir los dos modelos, el de Alfredo Pérez Rubalcaba y el de Carmen Chacón.

1- Liderazgo (masculinidad-feminidad)

Los tipos de liderazgo que presentan juegan alrededor de dos conceptos: el de la seguridad  (Rubalcaba) y el del cambio (Chacón). Vamos a analizar la imagen que han querido transmitir desde sus candidaturas para buscar más dentro de estos conceptos.

Rubalcaba mantiene la confianza en la misma estrategia llevada a cabo durante la campaña electoral de las elecciones generales pasadas: protagonismo absoluto de su persona y llamada de atención a su experiencia como político. La web de la candidatura se centra en su imagen con fotografías individuales de aires corporativos,  que compagina con una llamada a la pluralidad a través de citas recurrentes al slogan de su candidatura (+Socialismo): “Necesitamos cambiar para ser más PSOE”, “En momentos difíciles se necesita más militancia, más trabajo, más compromiso y más socialismo”… Ante la baja moral de la militancia socialista, Rubalcaba insiste en que él es la mejor opción para dar confianza, debido a su experiencia en la política, a sus dotes de liderazgo, y al carisma que tanto se ha publicitado y contrapuesto a sus contrincantes (primero a Rajoy en las generales y ahora a Chacón dentro del partido).

Chacón optó por la estrategia para lanzar su candidatura: antes de darla a conocer oficialmente, se preparó un documento conjunto de militantes destacados (incluída ella) que llamaba a un debate profundo en el seno del PSOE y a un tiempo nuevo, lanzado con mucho ruido mediático a través de una web. Dicha web sigue funcionando de manera paralela a la de su candidatura oficial (Ahora Chacón) y funciona como respaldo a la idea de renovación con la que quiere enfrentarse a la idea de seguridad que presenta Rubalcaba. Las fotografías de la web de la candidatura no son tan personalistas, y en ellas podemos verla en sus últimos mítines rodeada de gente, abrazando a compañeros, y siempre sonriente. Es emocional, es positiva de cara al futuro, y no busca la representación del liderazgo fuerte personalista, sino la del liderazgo por construir compartido.

No es casual que ambos perfiles coincidan con lo masculino y lo femenino más allá del género. El género y lo que transmite también es una baza política en determinados casos, y si Chacón ha añadido su concepción de mujer como un posible punto de inflexión en la historia del PSOE, Rubalcaba ha querido anularlo haciendo un llamamiento a la necesidad de fortaleza y de ausencia de riesgo aventurero dentro del partido, en un momento de crisis profunda como la actual. También el trasfondo, la feminidad de lo femenino (la gestación de una nueva vida, lo emocional),  y la masculinidad de lo masculino (la seguridad, la protección), se disputan el liderazgo del partido.

2- Participación (lo viejo-lo nuevo)

Conscientes de la necesidad de revitalizar la democracia interna en el partido, se han puesto de acuerdo en la implantación de  primarias para elegir al candidato a la presidencia en elecciones generales. Pero en cuanto a la idea de participación encontramos diferencias en sus discursos.

Hay que ir hacia una reforma integral del partido porque es el propio concepto de la organización política tal como la hemos concebido hasta ahora lo que puede estar en cuestión. No está claro que los métodos tradicionales de movilización política y de encuadramiento puedan competir con la fuerza insuperable de las redes sociales y de la comunicación universal en tiempo real”, decía Rubalcaba en la presentación de su candidatura, en una referencia clara a la participación 2.0.

Chacón por su parte se ha centrado más en la participación física con una reactivación de los lugares comunes de la militancia: “Paseando con mi hijo por una plaza del centro de Barcelona hace unos meses me encontré un grupo de personas, la mayoría jóvenes, sentados en círculo, mientras hablaban pacíficamente de los problemas de nuestra sociedad. Yo pensé: seguro que muchos de ellos son hijos de socialistas, amigos de socialistas, vecinos y vecinas de socialistas, compañeros de socialistas, incluso algún compañero socialista. Y me pregunté ¿por qué no están en las Agrupaciones, en las Casas del Pueblo? Eso es algo que vamos a cambiar”.

Son dos aproximaciones diferentes a la  forma de organización, comunicación y toma de decisiones. Chacón es en este caso más inclusiva que Rubalcaba: prestar atención a los jóvenes que se reúnen en la calle (en una alusión al estallido asambleario desde el 15M, y siempre desde su condición de mujer, esta vez como madre) incluye haber tenido en cuenta las redes sociales como posible manera de citarse. Se da por hecho que la democracia en red que propone Rubalcaba no es incompatible con la revitalización de las Agrupaciones y Casas del Pueblo de Chacón, mientras que él sí que excluye estas sedes de su proyecto, citándolas como “métodos tradicionales de participación política” y suplantándolas por las redes sociales. Si algo ha quedado demostrado durante el 2011, es que no solo son compatibles, sino que la movilización política y “la fuerza insuperable de las redes sociales” (la comunicación) van unidas por necesidad. Así que si antes contraponíamos lo masculino a lo femenino, ahora añadimos la lucha entre lo nuevo, Chacón, y lo viejo (o lo viejo que se disfraza de nuevo), Rubalcaba. Cabe mencionar que además la candidata cuenta con la ventaja de haber tenido que renunciar a su intento de presentarse a las generales del año pasado a favor del candidato, que fue proclamado sin consultar a las bases ni por redes sociales ni por ningún otro método.

3- Autocrítica (distanciamiento-ruptura)

A lo largo de la última legislatura, los socialistas nos hemos ido dejando parte de nuestra credibilidad en el camino. Cuando tardamos en reconocer y llamar a la situación económica con el mismo nombre que la llamaban los ciudadanos, perdimos ante ellos buena parte de nuestro crédito. Cuando aplicamos, ciertamente obligados, políticas contra la crisis ajenas a nuestra orientación ideológica y a nuestros valores, perdimos otra parte de nuestro crédito. Más aún cuando no fuimos capaces de equilibrar los esfuerzos y sacrificios que dichas políticas imponían a los sectores más débiles de nuestra sociedad con la carga fiscal que debería haberse exigido a los más poderosos“.

Es un fragmento del citado documento que sirvió de lanzamiento a la candidatura de Carmen Chacón. Con un ejercicio de realismo se prepara el camino para la ruptura con el pasado, reconociendo los errores que miles de militantes ya le achacaban al partido y que confluyeron en el derrumbe electoral sin precedentes de noviembre del 2011. Rubalcaba no ha podido practicar una autocrítica tan profunda: si no lo hizo durante la campaña electoral que perdió frente a Rajoy, hacerlo ahora sería desdibujar su imagen de hombre firme e inquebrantable. En lugar del juicio a la actuación de su propio partido durante los últimos años, Rubalcaba opta por centrarse en las críticas al capitalismo, en un esfuerzo por distanciarse del contexto que vivió el gobierno de Zapatero sin tener que citarlo:

Es la crisis del capitalismo financiero, de la desregulación a ultranza, del imperio de los mercados. Pues bien, esas son las cosas que debemos cambiar. Cuidado, compañeros, no vaya a ser que pendientes de reformar lo nuestro nos olvidemos que quienes han fracasado son ellos“.

 

Como vemos, el enfrentamiento por la Secretaría General se juega en torno a estos tres puntos, como si de una partida de cartas se tratara en la que dependiendo del momento el valor de los naipes varía (según la ocasión, el elemento ruptura es más fuerte que el de masculino, en otras al revés, etc). Es un juego poco complicado, ya que al no haber teorizaciones sobre el futuro de la socialdemocracia (como sí hemos podido ver en las primarias francesas), existen bastantes elementos compartidos: no hay dudas respecto al concepto de soberanía (ambos coinciden en la necesidad de ceder soberanía a Europa), ni en la forma de tratar las crecientes críticas a las instituciones (defensa total a los partidos políticos y a la democracia representativa con reformas discretas), ni mucho menos en las medidas económicas. Es decir, se han limitado las cartas a su expresión más básica. Está por ver si la nueva Secretaría General democratiza el partido, eliminando elitismo y burocratización: porque son las bases  las únicas que pueden salvar al PSOE de una larga travesía ideológica.

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