2011 (XIII)

Arnaud Montebourd ha quedado tercero en la primera vuelta de las primarias socialistas francesas, por lo que no podrá enfrentarse dentro de una semana a Holland, gran favorito para darle la patada a Sarkozy (o a su sucesor). Una patada asegurada, como lo está la de Merkel, la de Berlusconi o la del PSOE español. La crisis se lleva por delante a los gobiernos occidentales que les ha tocado convivir con ella, sin importar siglas, y aúpa al principal partido de la oposición de cada país sin necesidad de programa, carisma, o cualquier otro aspecto de los que conformaban la democracia representativa.

Ya habrá tiempo de analizar este comportamiento de los votantes. Lo que me gustaría ahora es llamar la atención sobre el discurso de este candidato socialista, Montebourd, que ha tenido la valentía de señalar a los mercados y a la banca como los responsables de una crisis que encima no están pagando, poniendo sobre la mesa la realidad sobre las consecuencias de la desregularización económica.

“Todo está por construir: los servicios públicos, la democracia, la economía, la agricultura, la industria, poner coto al mundo financiero… Innumerables frentes. Va a haber que imaginar soluciones nuevas (…). Si no intervenimos ahora, vamos a dejar que los mercados sigan destruyendo nuestras vidas. Ha llegado el momento de reconstruir un Estado fuerte y respetado”, afirmó en una entrevista a Público.

En su breve libro Votez pour la dèmondialisation (votad la desglobalización), Montebourd apuesta por pensar en un “proteccionismo moderno, verde, social y solidario” que pueda enfrentarse a una globalización neoliberal que ha supuesto “un desastre para los que no tienen más recursos que su trabajo”.

Un mensaje crítico con la pérdida de soberanía popular y con la globalización económica voraz, sin profundizar demasiado en propuestas que para el resto de políticos profesionales pueden sonar grandilocuentes (eso es buena señal), pero que es una inyección de optimismo ante el panorama desolador de la socialdemocracia europea. Ojalá ante los futuros fracasos de los partidos socialdemócratas (estén donde estén, en el gobierno o en la oposición), las premisas de Montebourd traspasen fronteras y comencemos a ver algo de luz al final de un túnel que, ante todo, será largo y poco predecible. Lástima que los socialistas franceses no hayan sido más valientes a la hora de escoger a su candidato. Quizá, como he dicho, todavía hagan falta más decepciones.

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