2011 (XI)

Cada vez que alguno de los supuestos socialdemócratas de nuestro país abre la boca en referencia a la actual conversión de la constitución en  un tratado neoliberal, más nos damos cuenta de que esa socialdemocracia, la que en su momento permitió el semi-estado de bienestar español, ha dejado de existir. En esta ocasión Felipe González escribe en El País una serie de argumentaciones justificadoras de lo que se está cociendo a la vez que muestra su cansino e inútil  europeísmo (inútil para los demás, quiero decir: a él le viene muy bien). ¿Alternativas, propuestas, ideas? Ninguna. Vacío y más vacío. En eso está la socialdemocracia de los representantes, en un vacío ideológico e intelectual, sin enfrentarse a posturas contrarias, sin propuestas reformistas, y sin perspectivas de que éstas aparezcan. En este vacío se sustenta la ausencia de convicciones: “sabemos cómo hemos llegado aquí”, nos dicen, “pero no hay más remedio que dejarnos arrastrar hacia lo desconocido con la firme intención de llevaros por delante a vosotros, a los que no habéis provocado esta crisis. Eso sí, lo hacemos para salvaros”.

La socialdemocracia representativa necesita una reflexión profunda, dejar de asomarse al balcón y salir definitivamente a la calle. Llegar a la conclusión de que la simbiosis con el neoliberalismo solo va a servir para que éste se transforme en una tiranía aun más voraz que escudada en el monopolio de la violencia impida ser derrotada.

La reflexión debe partir de premisas en las que nos veamos reflejados y que facilite el trabajo:

-Reconocer la inviolabilidad de los papeles del ciudadano: soberano, político, receptor de servicios públicos, coproductor, cogestor y codecisor.

-Equilibrar de nuevo la economía mixta, inclinada en los últimos tiempos hacia el lado de lo privado. Esa inclinación ha impedido además adentrarse en terrenos hasta ahora poco explotados (el de la vivienda pública, por ejemplo).

-Considerar al mercado, que pretende abolir la toma de decisiones colectivas y confía en los mecanismos de autocorrección, como una institución volátil cuyo comportamiento no puede predecirse y que necesita ser estabilizado. Esa estabilidad siempre va a depender de la regulación, y la regulación es un objetivo que ha de emanar del poder político.

-La deslocalización económica no ha permitido aumentar las oportunidades de los países menos desarrollados. La globalización de las economías ha fracasado, pero sobre ella se ha levantado otro tipo de globalización más próspero: globalización de la información, de la ecología, de la cultura. Ahí hay muchas oportunidades para hacer cosas útiles.

Irán surgiendo más premisas en los próximos meses, a medida que sigan intentando que el semi-estado del bienestar sea la auténtica víctima de lo todo lo que está ocurriendo. Y será en la calle, por supuesto, en donde surjan todas ellas. Porque leerlos a ellos, verlos, escucharlos, es una pérdida de tiempo que impide dedicarse a lo más importante.

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