2011 (VIII)

“Tenemos un régimen político que no emula las leyes de otros pueblos, y más que imitadores de los demás somos un modelo a seguir. Su nombre, debido a que el gobierno no depende de unos pocos sino de la mayoría, es democracia. En lo que concierne a los asuntos privados, la igualdad conforme a nuestras leyes alcanza a todo el mundo, mientras que en la elección de cargos públicos no anteponemos las razones de clase al mérito personal, conforme al prestigio de que goza cada ciudadano en su actividad, y tampoco nadie, en razón de su pobreza, encuentra obstáculos debido a la oscuridad de su condición social si está en condiciones de prestar un servicio a su ciudad.”

Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso

A lo que aspira el modelo asambleario surgido después del 15 de mayo es a la democracia pura, y si hay quienes han reconocido esta posibilidad de pensar los asuntos públicos como la mejor sin saber que ya funcionó en determinados momentos de la historia, es porque esta capacidad del ser humano es lo natural. Lo artificial sería entonces el delegar las cuestiones del pueblo (del grupo de ciudadanos) a una estructura superior e inalcanzable.En nuestro caso esa estructura superior está acotada a representantes con un alto nivel de recursos: los griegos lo llamaban oligarquía. Pero esta oligarquía liberal de nuestro tiempo contiene aspectos de tiranía muy fácilmente reconocibles aunque intente ocultarse bajo lo que se llama democracia representativa: el mando de uno solo ya no es el mando del dictador, sino el mando de un parlamento bloqueado que es un solo cuerpo en sí mismo, cuyos miembros son actores del espectáculo centrados en el aumento de la riqueza y no en el bien común. “Al hacerse Grecia más poderosa y dedicarse todavía más a la adquisición de riquezas, en la mayoría de las ciudades se establecieron tiranías con el aumento de los ingresos”, escribía Tucídides relacionando la política expansionista y el desarrollo del capital mercantil con la aparición de la tiranía.

La transformación del parlamento que está por venir debe sustentarse en lo que era el consejo de la polis, una reunión menor de ciudadanos que presentaba al pueblo (a las asambleas) los proyectos de gobierno para que decidiesen sobre ellos. Las asambleas no lo serán de ciudades sino de barrios, lo que fué la anfictionía o reunión interciudadana de carácter federativo será lo que hoy es ciudad, y lo que se llamaba Liga se parecerá mucho a lo que conocemos como Estado.

Es esto, o esperar a que otra tiranía de diferente nivel resurga arrebatándole el papel a la democracia representativa.

Ya ven, al final nada es lo mismo y todo es igual.

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