2011 (VI)

Los acontecimientos se han ido desencadenando tan rápidamente que se nos olvida (porque nos lo quieren hacer olvidar) que el origen de los disturbios de Londres está en el asesinato de un chaval a manos de la policía de Scontlard Yard. Y no solo eso, sino que se intentó justificar el crimen asegurando que el asesinado utilizó un arma, algo que se empieza a descartar oficialmente aunque sus vecinos ya lo gritaran desde el primer momento. Que las protestas, acrecentadas por los problemas sociales de Inglaterra y de todo el mundo, hayan derivado en violencia sin sentido no favorece a nadie, ni siquiera a los canallas sin mensaje (hooligans) que las hayan podido degenerar aprovechándose de la situación. Porque quemar una sucursal bancaria no es lo mismo que quemar la panadería de un vecino del barrio, ni destrozar una comisaría se parece a hacer arder la casa de una familia obrera. Por su culpa además el gobierno de su majestad ya tiene la justificación perfecta para expandir el miedo, el miedo que precede a la represión legitimada, por no hablar del vacío que ya se le hace a los orígenes de esta turbulencia. Cameron ha dicho que una parte de la sociedad está enferma, sin incluirse a él y a los de su especie. Pero lo cierto es que enfermos estamos todos. Aunque la medicina puede estar siendo investigada.

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